Yakuza Kiwami: 10 años de peleas e intrigas [NB Labs]

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¿Qué hace que esta versión de Kamurocho sea tan especial?

La remasterización definitiva del primer Yakuza es extrema, muy extrema.

Desde que se lanzó el primer juego de la saga de Kazuma Kiryu en Japón, Yakuza supo hacerse un espacio de honor en los juegos de acción. Porque claro, si bien la premisa de un juego en tercera persona con mundo abierto no era una idea tan retorcida para la época -después de todo, GTA III y Vice City estaban en pleno apogeo- no existía ningún otro producto que pudiera concentrar la vida, la intriga e incluso la delincuencia de una cultura poco conocida para nosotros, en un videojuego de forma tan completa.

Poco faltó para que esta saga tan arraigadamente japonesa se localizara y llegara a occidente. Si bien no es una saga masiva y pocos pueden reconocer el honor de haberlo jugado en PS2, hay un buen grupo de gente que sigue las desventuras de Kamurocho desde la remasterización en HD de PS3. Ahora, primero con Yakuza 0 y en lo inmediato con Kiwami -extremo, en japonés-, la franquicia vuelve a cobrar vida en verdadera alta definición, 60 cuadros por segundo y una jugabilidad única, que espera robarse un espacio en tu consola a punta de golpes, golpes y más golpes.

Estamos claros que ésta versión es un remaster del primer juego, pero ¿Qué hace a Yakuza Kiwami un juego tan especial?

La saga Yakuza como juego de acción tiene un componente único: Kazuma Kiryu, el icónico protagonista, que sale de prisión después de 10 años de condena por un crimen que no cometió y por el que se inculpó para salvar a su mejor amigo. Kiryu es yakuza, una clase muy especial de mafioso que en Japón tiene una cultura que arrastra décadas de violencia, asesinatos furtivos, extorsión y control de esos lugares que sólo abren en la noche: bares, clubes nocturnos, además de tiendas y servicios que giran en torno al placer y al sexo. Es en ese mundo duro y violento donde Kiryu busca redención y lo hace de la única forma que conoce: a punta de trompadas.

Buena parte de la jugabilidad se basa en recorrer Kamurocho, el barrio donde se desarrolla la historia, y darse a golpes con cuanto rufián te encuentres en las calles. O mejor dicho, que te encuentren a ti: golpear transeúntes no es libre y las escenas de pelea vienen como encuentros aleatorios donde te das a golpes con tres o más matones. Es donde Kiryu puede sacar a relucir su mote de “El Dragón de Dojima”, y golpear a diestra y siniestra.

El apartado de pelea, en mi opinión, es lo mejor del juego. Son cuatro estilos de pelea y cada uno tiene características únicas y un árbol de habilidades por aprender. Rush, mi modo favorito, privilegia la velocidad de pelea y golpes por sobre el daño. Brawler es el modo equilibrado, y Beast es tan lento como poderoso, y te permite tomar elementos del mundo -como anuncios, basureros, bicicletas y otros- y usarlos para golpear a tu oponente. El último modo es Dragon, y es el camino personal de Kiryu para recuperar su antiguo poder y habilidades de pelea.

Además, los modos de pelea tienen un apartado interesante: la posibilidad de encajar combos para hacer más daño, derribar a tu oponente o finiquitarlo con las diversas acciones de “Heat” (que vendría siendo similar a la barra de “Super” de un juego de pelea) que permite una multitud de finishers sumamente cinematográficos y violentos. Mención especial a lo violento: puedes pisarle la cara a un malote, darlo vuelta de una patada en el tórax, o incluso hacerle un suplex. Las opciones son variadas y espectaculares.

Por otro lado, si hay algo que caracteriza a Yakuza es que cumple a cabalidad la premisa de “abarcar poco, apretar mucho”: si bien es un mapa pequeño que sólo puedes recorrer a pie, cada espacio tiene actividades. Entre bares, clubes nocturnos, cabarets y tiendas de videos para adultos también encuentras diversos meta-juegos, como bolos, dardos, autos a control remoto y el conocido Club Sega, que también aparece en Yakuza 0 y que, lamentablemente, ésta vez no tiene OutRun.

En medio de los mini juegos también se esconden decenas de misiones secundarias que contribuyen en su mayor parte a conocer todos los espacios de Kamurocho, y en cierta medida a descubrir un universo de historias pequeñas y problemáticas a veces demasiado nimias y que interrumpen a momentos el flujo del juego.

En lo personal siempre trato de completar los juegos al máximo, pero no me sentí realmente atraído a terminar algunas de estas misiones simplemente porque la historia principal es tremendamente atrapante. En cualquier caso a gustos los colores, así que de todas maneras vale la pena probar -y usualmente reírse un rato de- estas ramas irrelevantes a la historia.

Otro punto inmensamente atrayente es la actuación: la totalidad de la historia principal tiene voces que están totalmente en japonés, y son la guinda del pastel de un juego que no es más nipón porque no tiene por donde. El casting es preciso, la actuación de voz es bastante correcta y perfeccionista, y si te gusta la cultura asiática y por sobre todo la de la tierra del Sol Naciente, te atrapará de inmediato. Dato aparte es que el equipo de desarrollo regrabó gran parte de las voces para esta versión.

En conclusión, Yakuza Kiwami es un juego muy completo. No busca demasiado, no trata de ser ambicioso y no cumplir: es la historia justa, con el protagonista justo, con el espacio correcto y las actividades suficientes para sentir que la ciudad está con vida. Es un juego con el que necesitas esforzarte para encontrar falencias. Pero claro, el jugador promedio lo podría comparar con grandes del género -GTA V, estoy hablando de ti- pero sería totalmente injusto dada la diferencia en escala.

Yakuza Kiwami es honor profundo a los más de diez años de la franquicia. Viva Yakuza.

Yakuza Kiwami está ya disponible en PS3 y PS4 a un precio de USD $30. Este artículo fue realizado con una copia facilitada por Atlus.